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Los corredores de la muerte |
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Por José Luis Martín Palacín, publicado no "Xornal de Galicia"
Ahora vendrá la resaca: el aluvión de críticas masoquistas sobre la actuación del gobierno en el caso de la resistente saharaui, que pondrá en evidencia no tanto al gobierno como al país entero. El problema no está en culpabilizar la autorización de entrada en España, ni en la supuesta complicidad del gobierno español aceptando la entrada de alguien a quien se deportaba por la fuerza. Aunque no hubiera tenido permiso de residencia, aunque una jueza no hubiera avalado la legalidad del hecho, la razón de humanidad tenía que primar sobre cualquier otra consideración.
Sin la acogida de España Haidar habría quedado, en el mejor de los casos, en un pasillo del aeropuerto de El Aaiún. Habría, tal vez, iniciado su huelga de hambre allí, pero ¿con qué garantías? En Lanzarote ha pasado un mes en huelga de hambre, digamos que en su propio corredor de la muerte. Un corredor, a pesar de todo, lleno de esperanzas y de solidaridad. Y cargado de la eficacia de que ha puesto el foco de la atención internacional no solamente sobre su situación personal, sino sobre la actuación arbitraria e ilegal de Marruecos y sobre el problema del pueblo saharaui. El del aeropuerto de El Aaiún habría sido un auténtico corredor de la muerte, sin el apoyo directo de tanta gente, sin el conocimiento público de su acción. Y claramente sin esperanza, visto el despiadado comportamiento de las autoridades marroquíes.
Queda el tercer corredor de la muerte, al que se reintegra Aminatu Haidar, y en el que está colocado el Pueblo Saharaui: unos residiendo en el Sahara y otras malviviendo en campamentos de refugiados. Un corredor de la desesperanza sobre la celebración con garantías del permanentemente aplazado referéndum. El corredor de la muerte del ejercicio de los derechos, el del olvido por parte de la comunidad internacional. El corredor de la muerte de la ocupación marroquí y de la geopolítica internacional. España y Francia han escenificado el “acuerdo” con Marruecos para la vuelta de Haidar. Ese “acuerdo” ha ayudado a Marruecos a salvar la cara. Pero lo que ha forzado a Mohamed VI a ceder ha sido la posición decidida –aunque demasiado matizada– del Parlamento Europeo de estudiar una resolución condenatoria. Esa resolución sacaba el problema del ámbito bilateral y habría dejado bajo sospecha la legalidad de la actuación de Marruecos. Ahora toca sacar conclusiones. La actitud caprichosa y típicamente feudal de Marruecos no se debe tolerar en el futuro. Ni su posible y valioso papel de barrera contra el integrismo islámico y sus posibles derivadas terroristas, ni su colaboración para frenar la inmigración ilegal a Europa, ni los acuerdos de pesca, ni los posibles intereses económicos, ponen a Marruecos en un papel de supremacía ni para saltarse el respeto a los derechos humanos, ni para someter a España a actos de chantaje. En sus relaciones con Europa –y por tanto con España– quien tiene más que ganar o perder es Marruecos: tanto en las relaciones económicas como en el tema de los emigrantes marroquíes; sin olvidar el propio asunto del Sahara. Y eso hay que hacérselo comprender. Han de acabarse los tiempos de los caprichos. Para tener unas relaciones pacíficas de colaboración no son buenos los abusos del amigo aprovechado. Y ya que se ha puesto en el candelero, habría que continuar, desde el Parlamento Europeo, considerando el problema del respeto a los derechos humanos en el territorio saharaui. Una cosa es constatar que actualmente y de forma transitoria allí se está aplicando la legalidad marroquí, y otra es cerrar los ojos ante posibles atropellos de derechos. Y ya que la prepotencia marroquí en el caso Haidar ha puesto el foco de la atención internacional sobre el problema, ¿sería el momento de que se replantee el futuro de El Sahara?
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